sábado, 24 de septiembre de 2011

Jack London y las estadísticas de Blogger

Las estadísticas de este blog indican que la mayoría de las (pocas) visitas se dirigen a los posts relacionados a Jack London, y creo saber el por qué. Jack London es uno de los escritores estadounidenses más publicados fuera de su país, o al menos así lo fue durante algún tiempo. Al respecto, en el prólogo a la compilación de sus Relatos de la edición de Cátedra, dice así: Según el Servicio informativo y Cultural de los Estados Unidos, en enero de 1983, de entre todos los autores norteamericanos traducidos al español, Jack London ocupaba el segundo puesto en difusión, detrás de Mark Twain y seguido no muy lejos por Zane Grey, Edgar Allan Poe y Hemingway, en ese orden. 
Debo decir que me sorprendió ver a Zane Grey en el podio, pues creo que nunca acomodé un libro suyo en estantería alguna.
También, por si fuera poco, recordé que Jack fue en su momento uno de los escritores mejores pagos de su época, hizo varias fortunas que dilapidó hasta que encontró, sobre el final de su vida, la manera de recuperar su dinero: vendió su imagen para bebidas alcohólicas, paquetes de cigarrillos, un refresco de menta y, más importante, fue un pionero en luchar para que se le reconocieran sus derechos cinematográficos sobre las películas que se inspirasen en sus obras. Todo un visionario.



Fuentes:
London, Jack; Relatos. Edición de Francisco Cabezas. Madrid, Ediciones Cátedra, 2005
Kershaw, Alex; Jack London. Un soñador americano. Barcelona, La Liebre de Marzo, 2000.
Imagen: fotografía tomada por Jack London. Fuente, acá

viernes, 9 de septiembre de 2011

Pereza

 Una extraña locura posee a las clases obreras de las naciones donde reina la civilización capitalista. Esta locura acarrea con ella las miserias individuales y sociales que desde hace dos siglos torturan a la triste humanidad. Esta locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda por el trabajo llevada hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y su progenie.
En lugar de reaccionar contra esta aberración mental, los clérigos, los economistas y los moralistas han santificado el trabajo.[...]
[...] Bajo el régimen de la pereza, para matar el tiempo que nos mata segundo a segundo, habrá sin parar espectáculos y representaciones teatrales; será el trabajo que les vendrá justo a nuestros legisladores. Se los organizará en bandas que recorrerán ferias y pueblos, dando representaciones legislativas. Los generales, en botas de montar, el pecho galoneado de agujas, de medallas, de cruces de la Legión de Honor, irán por las calles y las plazas tratando de enganchar a las gentes...
 Paul Lafargue (1842-1911)


En tiempos en que todos estamos obligados bajo pena de lesa respetabilidad a entrar en alguna profesión lucrativa y a trabajar en ella con entusiasmo, un grito del partido opuesto, el de los que se contentan con tener lo suficiente, con mirar a su alrededor y gozar mientras tanto, puede sonar un poco a bravata o fanfarronería. Sin embargo, no debería ser así. Lo que suele llamarse ociosidad, que no consiste en no hacer nada, sino en hacer mucho de lo que no está reconocido en los formularios dogmáticos de la clase dominante, tiene derecho a mantener su posición al igual que la industriosidad.[...]
[...] Consecuentemente, si una persona sólo puede ser feliz permaneciendo ociosa, ociosa debe permanecer. Es un precepto revolucionario; pero debido al hambre y los asilos, no se puede abusar fácilmente...


 Robert Louis Stevenson (1850-1894)




Lafargue, Paul: El derecho a la pereza, Buenos Aires, 1970, Ed. Galerna,
 Stevenson, Robert Louis; Apología del ocio, en: Juego de niños y otros ensayos. Bogotá, 1990, Ed. Norma.