lunes, 20 de junio de 2011

Propósitos para cuando llegue a viejo


No casarme con una mujer joven.
No relacionarme con los jóvenes a menos que ellos me lo pidan.
No ser malhumorado, ni taciturno, ni desconfiado.
No desdeñar los usos, reputaciones, modas, guerras, ni a los hombres actuales.
No encariñarme con los niños, ni permitir siquiera que se acerquen a mí.
No repetir la misma historia una y otra vez a los mismos interlocutores.
No ser codicioso.
No descuidar el decoro ni el aseo personal, para no resultar repugnante.
No ser demasiado severo con los jóvenes, sino mostrar indulgencia con sus locuras juveniles y sus flaquezas.
No dejarme influir ni prestar atención a los chismes de los criados u otras personas.
No prodigarme en consejos ni abrumar a nadie, excepto a aquellos que me lo pidan.
Pedirles a algunos buenos amigos que me comuniquen cuales de estos propósitos quebranto o desatiendo, y que me digan cuando lo he hecho, para enmendarme.
No hablar mucho, ni siquiera de mí mismo.
No alardear de mi apostura, vitalidad o fortuna de antaño ante las damas u otras personas.
No prestar atención a los halagos, ni imaginar que puedo despertar el amor de una joven dama et eos qui hereditatem captat odisse ac vitare (y aborrecer y evitar a quienes ambicionan mi herencia).
No ser categórico ni porfiado.
No empeñarme en cumplir todas estas reglas, no vaya a ser que al final no observe ninguna. 
 Jonathan Swift



Extraído de "Ideas para sobrerivir a la conjura de los necios", Barcelona, Ediciones Península, 2000.        
Fuente de la imagen: Quino, the one & only.

1 comentario:

Icíar dijo...

Jajajajaja, Jonathan Swift está resultando ser un descubrimiento :D