sábado, 26 de marzo de 2011

El Pueblo del Abismo

Si existe una obra de Jack London que sirva de paradigma para entender su extravagante socialismo, ésta ha de ser su crónica periodística  El pueblo del abismo (1902), el mejor libro de London que he leído (hasta ahora).
Ya hemos dicho algo aquí sobre las ideas socialistas de Jack London en sus obras de ficción, pero es en El pueblo del abismo donde se halla su expresión más dramática en pos de un cambio social. Caracterizado de estibador de puerto desempleado en el East End Londinense, London indaga sobre las condiciones de vida de la clase obrera inglesa, a la manera de Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra, pero haciendo un trabajo casi de antropólogo con su observación participante. Sale a buscar empleo, vive en albergues de mala muerte, come desperdicios encontrados en botes de basura y baldea habitaciones con restos humanos que jamás serán reclamados. Los únicos reaseguros de Jack London en tal aventura eran un soberano escondido en el sobaco de su cazadora y el perturbador arreglo con un detective privado dispuesto a seguirle la pista en las comisarías y morgues londinenses en caso de una ausencia prolongada.
London dijo acerca de esta obra que fue el “único libro que escribió con el corazón encogido y los ojos llenos de lágrimas.” No es para menos. He aquí un fragmento: “[...] día a día, fui convenciéndome de que no sólo es desaconsejable que el pueblo del abismo se case y engendre, sino que es un crimen que lo haga. Estas gentes son las piedras de la cantera que el constructor deshecha [...] Allí, en el abismo más profundo, son débiles, tontos, necios...Si se reproducen, la vida les será más infame, por lo que se acelera su perecer. [...]Cuatrocientas cincuenta mil personas son muchas. El joven fogonero era sólo una de ellas; le llevó muy poco tiempo referirme lo poco que tenía que contar y decir. No me gustaría oírles a todos a la vez. Pero no puedo dejar de preguntarme si Dios les oye.”

lunes, 14 de marzo de 2011

Best Sellers


La industria literaria

"En las aristocracias, los lectores son poco numerosos y difíciles de contentar; en las democracias, es más fácil agradarles y su número es prodigioso. Resulta de aquí, que en pueblos aristocráticos no se debe esperar el éxito sino en virtud de grandes esfuerzos que, aunque puedan dar mucha gloria, no procurarán jamás mucho dinero; mientras que en las naciones democráticas un escritor puede lisonjearse de obtener con facilidad una fama mediocre, y una gran fortuna. Para esto no es necesario que se le admire, basta con que se le aprecie.
La multitud de lectores crece diariamente y la continua necesidad que tienen éstos de lo nuevo, aseguran la circulación de un libro que apenas estiman.
En los tiempos de la democracia, el público procede frecuentemente con los autores como lo hacen de ordinario los reyes con sus cortesanos: los enriquecen y después los desprecian. ¿Qué más quieren las almas venales que nacen en los palacios o que son dignas de vivir en ellos?
Las literaturas democráticas abundan siempre en autores que no ven las letras sino como una industria, y por cada escritor de mérito se encuentran mil vendedores de ideas."

Alexis de Tocqueville; La Democracia en América, FCE, México DF, 2005, pág 435.-