martes, 5 de octubre de 2010

You maniacs! You blew it up!

No es la intención aquí arruinar uno de los mejores momentos de Los Viajes de Gulliver, así que si aún no lo ha leído, desista de fijar sus ojos en estas líneas. Hecha la aclaración, vale recordar la ya célebre frase de Charlton Heston en el final de la película El Planeta de los Simios cuando descubre que no se halla en un mundo extraño sino que se trata de la mismísima Tierra, donde contempla - hollywoodense escena mediante- los escombros de la estatua de la libertad: We finally really did it. you maniacs! You blew it up! Damn you. God damn you all to hell! Finalmente los humanos lo habían logrado; habían echado todo a perder. Merced a su corrupción, vanidad y orgullo, la humanidad había otorgado a la civilización una connotación siniestra, y la prueba palpable de ello son las ruinas de la estatua de la libertad.
Lemuel Gulliver va en el sentido opuesto pero arriba a las mismas conclusiones. Gulliver vive feliz en compañía de unos caballos inteligentes que, entre otras cosas, desconocen el significado de la mentira y debe rebuscárselas para explicarles el sentido de la misma (To Lie is to say the thing which is not) Sin embargo, no todo es felicidad en esa desconocida isla, pues deben soportar el constante merodeo de unos seres repugnantes llamados yahoos. Gulliver, un verdadero Self-made man a la hora de proveerse alimento y ropas, pronto advierte mientras se viste que el reflejo del agua le devuelve una imagen semejante a esos seres repugnantes, y descubre el horror. Aquello de lo que se pensaba desprovisto –la lujuria, la vanidad, el orgullo y el egoísmo- ó que al menos pensaba que había logrado erradicar de su espíritu, se le aparece –paradójicamente- cuando se contempla desnudo, sin ropajes que lo diferencien de los yahoos, seres simiescos si los hay.

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