jueves, 26 de agosto de 2010

Qué es la literatura utópica II (más aproximaciones)


La cuestión acerca de la composición de la naturaleza humana se torna esencial a la hora de entender los senderos por los que transita el pensamiento utópico. En la obra “El utopismo, la herejía perenne”, Thomas Molnar se dedica a destruir lo que considera el mito del pensamiento utópico, en tanto que este es erróneamente advertido como inocuo para la historia de las ideas.
Este autor sostiene que una de las tesis sustentadas por dicho pensamiento es que “si las gentes viviesen en estado natural, confraternizarían” (1) Es decir, si fuese posible remover el velo que la sociedad “impone” a los individuos estos vivirían en comunidad los unos con los otros. En otras palabras, el autor parece sugerir que el pensamiento utópico persigue depurar, parafraseando a Blake y Huxley, no sólo “las puertas de la percepción” sino también su razón, “lo que habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito.” La utopía parece identificarse al infinito, por su inconmesurabilidad.
Si las condiciones externas son las que impiden el arribo a la utopía, la propia naturaleza del hombre quedaría libre de cargo.
El ingreso en la modernidad y la transición hacia un modo de producción capitalista (que necesita de hombres “legalmente libres” que serán devorados por las ovejas, como pronto advirtió Moro frente al proceso de cercamientos de las tierras comunales) implica el desdoblamiento del hombre en ciudadano en la faz pública y en individuo en su accionar privado, el cual involucra su inserción en el mercado. Este desdoblamiento fue percibido por Karl Marx (entre otras obras) en la Cuestión Judía, en donde advierte que es este carácter dual el que impide dar cuenta al proletariado de la opresión en la cual se halla. Sin embargo, este doble juego en la condición humana es posible de ser rastreada en el abordaje acrítico del pensamiento contractualista, entre el hombre en estado natural y en el Estado Civil.
Eliminar la escisión entre individuo y ciudadano conduciría al restablecimiento de la unidad del hombre, que recobrando su autonomía, pondría fin a la opresión.
Respecto a este carácter dicotómico del individuo, Eric Fromm (2) lo explica a partir de las raíces mesiánicas que le dan sentido. Tras la caída y expulsión del edén, el hombre pierde su “primitiva y preindividual unidad con la naturaleza y con sus semejantes” A partir de aquí el hombre intentará construir su propia historia, alcanzar la perfección que le permita la realización de un estado ideal, y reencontrarse consigo mismo, con sus semejantes y con la naturaleza. Entonces, la idea de utopía abreva en la búsqueda del paraíso perdido, de la concreción de éste en la tierra.
Según Hannah Arendt, la condición humana (3) se explica por medio de tres actividades que les son propias, a saber: labor, trabajo y acción. La última es, sin embargo, la que caracterizará al hombre como tal. En la acción el hombre desarrolla su capacidad de ser libre, no en tanto como libertad de elección, sino más bien como la posibilidad de trascendencia por encima de la naturaleza. La acción supone no el hacer, (por mandato de otro) sino el actuar. Es este concepto de acción, iniciado por Arendt en “Los orígenes del totalitarismo” y luego desarrollado ampliamente en “La condición humana” el que permite abordar la espontaneidad de la acción del hombre como su característica fundamental, que no puede ser eliminada sin eliminar al hombre mismo. De lo dicho por Arendt se puede desprender que si la espontaneidad en la que reside la acción surge de la imperfectabilidad humana, una sociedad ideal, ó que pretenda ser tal, consiste en querer reformar la esencia misma del hombre.

Continuará…?

Fuente de la ilustración acá.

Algo de Bibliografía:
(1) Molnar, Thomas; El utopismo. La herejía perenne. Buenos Aires, Eudeba, 1970, p. 164
(2) Fromm, Eric; prólogo a: Bellamy, Edward El año 2000. Una mirada retrospectiva. Barcelona, Abraxas, 2000, pp 18-19
(3) Arendt, Hannah; La Condición Humana. Buenos Aires, Paidós, 2005

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