jueves, 26 de agosto de 2010

Buscando a Mungo



La literatura de viajes parece ser un género extraño dado el objetivo que suele darle origen. Muchos de estos relatos no son más que investigaciones de exploradores o naturalistas a pedido de un imperio (por lo general el inglés) que, por la pulcritud de su prosa, trascienden más allá de los anaqueles de las Royal Societies para deleite del gran público. Sin embargo, vale aclarar que muchos de estos relatos suelen ser algo soporíferos. La descripción de la vida de los nativos, la flora, fauna y los accidentes geográficos del territorio descubierto puede tornarse densa si, como reclamaba Bioy Casares, no aparece la escena vívida y la feliz aventura.
Existe un relato de viaje donde se cumple con los requisitos de Bioy, el cual es el motivo de esta reseña: Viajes hacia los distritos interiores del África, por Mungo Park. Este joven escocés de curioso nombre (tanto su padre como su abuelo se llamaban Mungo) padeció cuanto peligro pueda uno imaginarse: primero fueron las fiebres tropicales y los mosquitos, luego el hambre y la sed, para después ser timado, burlado y rehén de fulanis, bandittis, mandigoes y tantos otros gentilicios fonéticamente simpáticos.

A continuación se glosa traducido un fragmento de la introducción de la edición inglesa, pues hace tiempo que no se consiguen ediciones en español:

En 1795 Mungo Park, cirujano y aventurero escocés de apenas unos veinticuatro años partió desde Gambia con la intención de rastrear el curso del Níger, un río del cual los europeos no tenían conocimiento de primera mano. Su Travels in the Interior of Africa es el diario de este extraordinario viaje. […]
Llevó un registro certero tanto como pudo, y sin presumir superioridad europea. […] El prefacio de su diario contiene un deslinde de responsabilidad, pues el mismo “no tiene nada que recomendar a excepción de la verdad. Es un relato sin adornos de ninguna clase, y sin pretensión alguna” […]

La misión de Mungo fracasó. Retornó a Inglaterra a pasar sus papeles en limpio para la imprenta y volvió a zarpar hacia África, en busca del éxito que le fuera negado en su primer intento. Nunca más se supo de él.

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