domingo, 4 de julio de 2010

The London Calling


Jack London no sólo fue un escritor de literatura juvenil y de aventuras, muchas de ellas plasmadas en sus libros, sino que también fue bastante prolífico en el género distópico y de anticipación.
A la edad de diecinueve años, luego de varias travesías por los Estados Unidos como buscador de oro, marino e integrante del famoso ejército de desocupados de Kelly, (aquél que marchó hacia Washington en demanda de mejoras sociales) decide hacerse miembro del partido socialista y precozmente se convierte en un gran orador del mismo.
Quizá su rápida adhesión a los principios socialistas más sus lecturas de Marx, (aunque también de Spencer) lo inclinaron a introducir en sus escritos las características de la sociedad industrial de su época, y los principios que por contraposición debían regir a una sociedad ideal: sin embargo, se dedicará con ahínco a describir -y advertir- las consecuencias que acarrearía el capitalismo en el futuro.

La obra más importante de London en este sentido es El talón de Hierro (1906) una utopía trunca desde lo literario, pero incendiaria desde sus intenciones de llegar al público lector con las acciones revolucionarias que –según consideraba London- debían llevarse a cabo.
En El talón de Hierro el lector infiere que se ha alcanzado un estado socialista sólo por medio de las notas a pie de página, hábil recurso utilizado por London, que inicia el libro con un prefacio fechado alrededor del año 2600, y presentándolo como una edición anotada de un manuscrito de principios del siglo XX, en el cual se narran las acciones de del líder socialista Ernest Everhard.
El desarrollo de la obra anuncia una creciente polarización social entre obreros cada vez más hacinados y explotados, y capitalistas que van concentrando las riquezas bajo la forma de Trusts.
El avance del capitalismo industrial y la polarización social que de éste se deriva demuestra en parte la influencia del pensamiento de Marx sobre London, más específicamente el Marx del manifiesto comunista, (absorbido mecánicamente por London) en donde se prevé como inevitable el enfrentamiento entre las dos clases antagónicas en un proceso que desintegra todo atisbo de clases medias y profesiones pequeño-burguesas, progresivamente pauperizadas por la dinámica del desarrollo capitalista.
El Talón de Hierro, tal como denomina a la oligarquía, es un concepto por demás sugerente. El talón de hierro representa a la maquinaria forjada por el capitalismo para aplastar –literalmente- a los intentos de organización del movimiento obrero.
Sin embargo, la propuesta de London no es la propia de cualquier libelo antimaquinista propio de los albores de la revolución industrial. No brega por un retorno a un estadio agrícola-pastoril, sino que por el contrario, impulsa el sometimiento de las máquinas a los designios del hombre. En otras obras de London, éste ha sugerido la posibilidad de un nuevo comienzo, de cierto retorno a un estado de naturaleza pero siempre a causa de un holocausto mundial. La guerra y la enfermedad están siempre presentes en el autor, tal es el caso de La invasión sin paralelo y La peste escarlata. No obstante, en el Talón de Hierro la salida se sitúa en una transformación del presente para alcanzar el futuro deseado, aunque no exento de la lucha por la supervivencia, tema abordado por London a lo largo de casi todos los personajes de sus más diversas obras, y que vislumbra la influencia de Herbert Spencer.
En lo que respecta al sistema político imperante, éste ya no genera siquiera la ilusión de un pueblo gobernando a través de sus representantes. El Talón de Hierro no se molesta en mantener cierta fachada democrática, sino que son los trusts los que manipulan a los partidos políticos. La necesidad de extraer consenso de la sociedad parece cosa del olvido. La represión es el eje rector del orden político dominante. Por si fuera poco, sin saberlo London boceta a mano alzada los fascismos europeos que aún no habían sido incubados.
Aquí tal vez está el gran aporte de London, que si bien no termina de plasmar los principios de su sociedad ideal, piensa y describe el proceso revolucionario para llegar a ella, que no es más que una lucha sin cuartel.

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