domingo, 4 de julio de 2010

Esferas


Desde tiempo inmemorial el hombre ha querido dominar el sol, afirmaba C.M. Burns. Sin embargo y a pesar de la exageración, muchas veces estos brulotes permiten repensar fenómenos que quizá de otra manera uno no se detendría siquiera a evaluar, y menos a escribir algo al respecto.
Fue necesaria la aparición de un pensador florentino en el siglo XVI para poner blanco sobre negro a la hora de hablar sobre la naturaleza humana y del ejercicio del poder político, y dar con sus huesos en la cárcel por sus escritos.
Nicolás Maquiavelo, portador de un apellido vilipendiado y bastardeado hasta el hartazgo, supo advertir que la política era (a pesar de no ser reconocida como tal) una esfera autónoma e independiente de la moral. El “pecado” es que, lo que Maquiavelo expone, un político calla.
Ahora, las preguntas: ¿es la política una actividad inmoral? ¿La moral no tiene lugar en la política? Nada de eso. Un juicio de carácter político no es por definición inmoral, aunque podría serlo. E incluso, algo más: un buen príncipe debe lograr conciliar las esferas política y moral, siempre que pueda. Pero es la política, la observación por medio de los sentidos y el análisis mediante el cálculo racional la que guiará la acción, y no los juicios morales.
El aporte de Maquiavelo no sólo consiste en separar a la moral de la política, sino en introducir la noción de conflicto dentro de la sociedad. La idea, ingenua ó perversa, según se vea, del bienestar general, nada tiene que ver con la política, pues esta es dominación y poder. La correlación de fuerzas en la sociedad determinará el curso de acción a seguir por el príncipe, y el consenso será entonces el resultado de esa correlación, y no un mero estado de reposo social.


Más tarde llegará Marx y Cía. para definir a la política como el epifenómeno de un modo de producción determinado, y que refleja las relaciones de dominación que éste contiene en su seno. Pero esto ya es otra historia.

No hay comentarios: