viernes, 23 de julio de 2010

El Traficante de Naufragios


El neoliberalismo demuestra diariamente que su viabilidad no depende del grado de exclusión y marginalidad que produzca. Los últimos treinta años revelan la capacidad del neoliberalismo en particular, y del capitalismo en general, de reformular sus propias crisis. El capitalismo provoca crisis, pero no las padece. Para comprender el funcionamiento del capitalismo se debe observar su naturaleza cíclica, y no abordarlo como un proceso unilineal.

It was a dark and stormy night


Edward George Earl Bulwer, aka Lord Lytton, prolífico escritor inglés del siglo XIX ya citado en este blog, cuenta con el extraño y penoso honor de prestar nombre al premio otorgado por la BLFC (Bulwer Lytton Fiction Contest) cuyo galardón es entregado anualmente a nóveles escritores; el requisito: haber escrito el peor comienzo para una novela. Pobre Lord Lytton, quien tuvo la idea de iniciar su novela Paul Clifford con la remanida frase era una noche oscura y tormentosa. Habiendo pasado ya tanta literatura gótica por la imprenta por ese entonces, la frase de Lytton cayó en el más común de los lugares.

Ex Post: También es de Lord Lytton la siguiente: The Pen is mightier than the Sword. (La pluma es más poderosa que la espada)
Ex Post II: parece que alguien escribió algo mejor y más extenso acá.

Profecías


Que Texas y California pertenecen a los Estados Unidos no es novedad hoy en día, pero si en México se hubiese leído en su momento La Democracia en América, verdadero oráculo de la Ciencia Política, quizá se hubieran ahorrado la pérdida de tan inmenso territorio, y Hollywood sería hoy una colina al noroeste de México.
He aquí un fragmento de Tocqueville:
He hablado ya precedentemente de lo que ocurre en la provincia de Texas. Cada día los habitantes de los Estados Unidos se introducen poco a poco en Texas, adquieren tierras y, en tanto se someten a las leyes del país, fundan en él el imperio de su lengua y de sus costumbres. La provincia de Texas está todavía bajo dominación de México: pero bien pronto no se encontrarán en ella, por decirlo así, más mexicanos. Semejante cosa sucede en todos los puntos donde los angloamericanos entran en contacto con las poblaciones de otro origen. […] La tierra del Nuevo Mundo pertenece al primer ocupante, y el imperio es allí el premio de la carrera.*
La agudeza de Tocqueville es brillante: describe no sólo el imperialismo norteamericano en su génesis, sino también la dinámica del capitalismo y la naturaleza avasallante de la colonización cultural.
Hoy en día ocurre el fenómeno inverso, y quizá haya llegado el tiempo de la revancha mexicana. Los hispanohablantes son la primera minoría en los Estados Unidos, mueven billones de dólares con su fuerza de trabajo y, más importante aun, llevan consigo sus tradiciones, costumbres y fiestas populares. No hay muro ni leyes antiinmigratorias que les impida avanzar en la reconquista de la tierra de sus ancestros.
Quizá la razón por la que México ya no reclama en foros internacionales estos territorios es porque, de una forma ú otra, ya le pertenecen.

(*) Tocqueville, Alexis; La Democracia en América, Fondo de Cultura Económica, p. 380 México D.F. 2005

miércoles, 7 de julio de 2010

El método Jack London


Nuestro querido Jack vivió apenas cuarenta años, pero en su legado se cuenta la friolera de más de veinte novelas, cerca de doscientos cuentos, una obra de teatro, un volumen de poemas, quinientos artículos y ensayos revolucionarios y miles de cartas producto de su correspondencia diaria con sus admiradores.
Jack solía tener el hábito de dormir no más de cinco horas, y escribir un mínimo de mil palabras (algo así como una hoja tamaño A4 con interlineado sencillo) Jack no contaba con que las musas apareciesen en cualquier momento sólo porque sí, de manera tal que sentado en su escritorio poníase a escribir acerca de lo que fuese, nunca desechando párrafo alguno ó argumento pues éstos podían servirle más adelante. El síndrome de la página en blanco nunca fue un problema para él, y su legado –mediocre según sus críticos- es tal sólo por razones matemático-estadísticas, a las cuales son muy afectos los norteamericanos.
El infatigable Jack, un verdadero obrero de la literatura, sabía que se debía a sus admiradores, pero también a la causa socialista. Solía encabezar sus cartas con un Dear Comrade y terminar con un yours for the revolution. E.L. Doctorow en su libro Jack London, Hemingway and the Constitution (traducido en Barcelona vaya a saber uno por qué como Poetas y Presidentes) glosa el siguiente fragmento de una carta de Jack: Querido Camarada: No puedo leer tu carta. He malgastado veinte minutos, me he gastado la vista y he perdido la paciencia sin lograr entender qué has escrito. Inténtalo de nuevo y procura hacer una letra más legible. Sinceramente tuyo, Jack London. PS: Ni siquiera puedo descifrar tu nombre.
Foto: Jack London a los 9 años junto a su perro Rollo.

lunes, 5 de julio de 2010

Prensa, democracia y mayorías


En busca de un lugar común, siempre se puede revisitar las imperecederas páginas de un clásico, cuya voz parece más útil hoy que en su tiempo. En La democracia en América (1835) el pensador francés Alexis De Tocqueville acuñó el término “revolución democrática” para describir el avance imparable de la democracia a lo largo de la historia. Por aquél tiempo, Tocqueville era un joven estudioso y de ideas liberales, que con el pasar del tiempo terminó anquilosándose como diputado de la fracción conservadora. Su lectura sobre el avance democrático es en algún modo ambivalente, pues el optimismo inicial de sus páginas decae hacia el final, tomando un tono más escéptico. Quizá aquí reside la importancia y vigencia de su pensamiento, pues independientemente de sus ideas y de su coqueteo con principios monárquicos, supo describir con precisión el proceso democrático en plena gestación, y aventurar de manera profética su desarrollo a escala mundial.

domingo, 4 de julio de 2010

The London Calling


Jack London no sólo fue un escritor de literatura juvenil y de aventuras, muchas de ellas plasmadas en sus libros, sino que también fue bastante prolífico en el género distópico y de anticipación.
A la edad de diecinueve años, luego de varias travesías por los Estados Unidos como buscador de oro, marino e integrante del famoso ejército de desocupados de Kelly, (aquél que marchó hacia Washington en demanda de mejoras sociales) decide hacerse miembro del partido socialista y precozmente se convierte en un gran orador del mismo.
Quizá su rápida adhesión a los principios socialistas más sus lecturas de Marx, (aunque también de Spencer) lo inclinaron a introducir en sus escritos las características de la sociedad industrial de su época, y los principios que por contraposición debían regir a una sociedad ideal: sin embargo, se dedicará con ahínco a describir -y advertir- las consecuencias que acarrearía el capitalismo en el futuro.

El futuro llegó...hace rato


Tal vez el caso más interesante en la tradición de la literatura distópica le corresponda a Edward George Bulwer Lytton (1803-1873). Es a este señor inglés de rimbombante nombre, condecorado Lord de la corona británica, escritor, poeta, político, viajero, dramaturgo, traductor, aficionado al ocultismo, dandy londinense, etc., al que se le debe quizás la primera novela que aúna el carácter distópico y de anticipación científica. Admirado por disímiles personalidades tales como Edgar Allan Poe, George Bernard Shaw y Mary Shelley, entre otros, y amigo de Charles Dickens, Lord Lytton produjo una vasta obra literaria, reunida en más de cuarenta volúmenes. Lamentablemente, bastan los dedos de una mano para enumerar las obras traducidas al español, y un oráculo para hallarlas.

Democrazia, Cosa é?


Muchas veces se oye decir que se vive bajo un sistema democrático tanto como su contrario, y que tal gobierno no puede hacer esto o aquello porque, si lo hiciera, dejaría de ser democrático.
Para empezar: la democracia no es un sistema, como tampoco es un régimen. La democracia es –nada menos- que un principio rector. Sólo supone que determinados habitantes (hombres y mujeres de determinada edad) de un determinado territorio (organizado federal ó unitariamente) definen, con mayor, menor o ningún grado de regularidad, cómo y por quién/quienes serán gobernados. Pueden ser ellos mismos ó bien pueden elegir a otros. También pueden no elegir a nadie ó elegirse a todos ellos juntos. La democracia no especifica ni prescribe.
La democracia puede manifestarse en un país bajo la forma de una asamblea permanente o con un presidente con plenos poderes por un plazo determinado, con opción a que se revoque su mandato mediante plebiscitos ó bien pasarse la vida haciendo plebiscitos hasta para poner un semáforo. Puede mutar en parlamentarismos, presidencialismos, con división de poderes ó fusión de los mismos, bajo formas mixtas conocidas y quizá algunas por conocerse. Puede darse bajo un sistema de acumulación capitalista, socialista, mixta, ninguno de los anteriores ó bajo la forma de las cosas por venir.
En fin, la democracia sólo dice que somos nosotros los que decidimos cómo queremos ser gobernados, acatando la decisión de la mayoría, y que ésta respete a la minoría, con la vaguedad que el término respeto representa. Pero la democracia tampoco dice qué es una mayoría: ¿50% + uno? ¿El que sale primero independientemente de la cantidad de adhesiones? ¿El que sale primero con una ventaja determinada por sobre el segundo?
La democracia es sólo un principio orientador. Nada más. Y nada menos.

Esferas


Desde tiempo inmemorial el hombre ha querido dominar el sol, afirmaba C.M. Burns. Sin embargo y a pesar de la exageración, muchas veces estos brulotes permiten repensar fenómenos que quizá de otra manera uno no se detendría siquiera a evaluar, y menos a escribir algo al respecto.
Fue necesaria la aparición de un pensador florentino en el siglo XVI para poner blanco sobre negro a la hora de hablar sobre la naturaleza humana y del ejercicio del poder político, y dar con sus huesos en la cárcel por sus escritos.
Nicolás Maquiavelo, portador de un apellido vilipendiado y bastardeado hasta el hartazgo, supo advertir que la política era (a pesar de no ser reconocida como tal) una esfera autónoma e independiente de la moral. El “pecado” es que, lo que Maquiavelo expone, un político calla.
Ahora, las preguntas: ¿es la política una actividad inmoral? ¿La moral no tiene lugar en la política? Nada de eso. Un juicio de carácter político no es por definición inmoral, aunque podría serlo. E incluso, algo más: un buen príncipe debe lograr conciliar las esferas política y moral, siempre que pueda. Pero es la política, la observación por medio de los sentidos y el análisis mediante el cálculo racional la que guiará la acción, y no los juicios morales.
El aporte de Maquiavelo no sólo consiste en separar a la moral de la política, sino en introducir la noción de conflicto dentro de la sociedad. La idea, ingenua ó perversa, según se vea, del bienestar general, nada tiene que ver con la política, pues esta es dominación y poder. La correlación de fuerzas en la sociedad determinará el curso de acción a seguir por el príncipe, y el consenso será entonces el resultado de esa correlación, y no un mero estado de reposo social.


Más tarde llegará Marx y Cía. para definir a la política como el epifenómeno de un modo de producción determinado, y que refleja las relaciones de dominación que éste contiene en su seno. Pero esto ya es otra historia.